Entre helados y dictadura

El 10 de enero, fue nuevamente un día lúgubre para mi país. Otra vez la democracia sufrió un revés y la dictadura sigue ganando espacios y haciendo lo que le da la gana.

Para quienes no están familiarizados con el caso venezolano, los voy a poner en contexto: ¡TODO ES HORRIBLE! Y eso me trauma mucho, pues gran parte de mi familia (mamá, papá, tía, tíos, abuela, primos) aún siguen allá dando la buena pelea y yo afuera no puedo hacer nada por ayudarlos.

Hoy despierto, leo las noticias sobre mi país y los comentarios de la gente en redes sociales y no puedo sino deprimirme. No hay escape posible, no hay luz al final del túnel para lo que vivimos los venezolanos (los que están atrapados dentro o los que están afuera, pero con el corazón con los que están adentro).

Se preguntarán: ¿Qué tiene que ver este tema político en un espacio que habla de la paternidad y las aventuras de un papito novato y torpe, y por qué este tipo escribe sobre eso tan grave con un helado en la mano? Ambas preguntas tienen una respuesta.

Este espacio es sobre mi punto de vista y experiencia como papá primerizo, sí, y también al ser venezolano he pensando en la latente (como se encuentra la economía mundial) posibilidad de estar obligado a regresar a Venezuela con mi esposa y mi bebé, y el no poder conseguir nada para su alimentación, salud, resguardo… Ese pensamiento me desvela en las noches, pero es una posibilidad real, porque al inmigrante lo único que lo sostiene es su trabajo y de llegar a perderlo y no conseguir otro pronto… Bueno, ustedes ya se imaginarán. El vivir afuera no me hace ajeno a lo que pasa, no hace que me duela menos. Así respondo la primera pregunta.

Dos litros de helado en Venezuela valen 50 dólares y una persona que gane sueldo mínimo en el país tendría que trabajar 10 meses para poder comprar el postre, una locura, ¿cierto? El que yo tengo en la mano costó 2 dólares. Con esto quiero ejemplificar que el chavismo / madurismo destruyó al país hasta sus cimientos, que para un padre es sumamente difícil (casi imposible) comprarle un helado a su hijo y que un pueblo noble como el mío no merece lo que le está pasando. Aquí respondo la segunda pregunta.

No soy ciego, sé de muchos venezolanos en el exterior que han hecho las cosas mal por esa bendita cultura de querer ser más vivos que los demás y por esos pagamos todos. Yo vivo en un país donde mi nacionalidad no es la más querida (varias veces he tenido que decir que soy europeo), y así como yo muchos otros. Pero los malos son pocos y los buenos somos más, solo que los malos hacen más ruido.

Mi país pasa por un mal momento (el peor momento) pero nada es eterno (aunque parezca). Ojalá y pronto las cosas cambien y mi hijo pueda conocer el país donde nací y pueda comerse allá un helado a un precio decente.



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Autor: Andrés Schmucke

Comunicador Social, periodista, creativo, comediante, locutor, blogger, y lo más importante de todo, papito. Un papito primerizo, novato y torpe que comparte sus aventuras con el mundo que lo rodea.

2 thoughts

  1. Vaya situación Andres. Realmente se vive muy tenso, aquí en Colombia a diario se encuentra uno con venezolanos que cuentan distintan historias y andan esperando que la calma y prosperidad regresen. Ojalá la cosa cambie pronto, esa tensión entre extremos desaparezca y puedas volver con tu hijo.
    Gracias por seguirnos, saludos!!!

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