Los juguetes: ¿con qué cara le digo a mi hijo que no le presto los míos?

Soy un papá un tanto geek. Me encantan los juguetes (o figuras de colección, como les digo yo), los videojuegos, las series de animación, el anime, los legos, los Funkos. En fin, tengo una colección de cosas en casa  y mi Tanyluz a cada rato está diciéndome: “no compres más, porque ya no hay espacio para más nada”. Yo asiento con la cabeza y al mes aparezco con algo nuevo que no sé dónde esconder.

Siempre he tenido una extraña fascinación por los juguetes. De pequeño tenía muchos: Mazinger, G.I. Joe, Thundercats, He-Man, Aliens, Terminator, Transformers, el arquero de Shera… Toda caricatura (de acción, no tipo Candy Candy) que saliera en televisión o película que tuviera un muñequito, yo lo quería, y mi mamá, con mucho esfuerzo, lo conseguía.

No fue sino hasta entrado en años que supe apreciar verdaderamente el esfuerzo de mi mamá para darme la infancia más feliz que se puede imaginar.

Quizás por eso fui un poco malcriado, aunque nunca egoísta. Recuerdo un cumpleaños de mi hermana menor en el que a ella le regalaron una Barbie y a mí un muñeco de Batman, porque ¡ay de que le regalaran a ella algo y a mi nada!, y viceversa, jejeje. Allí podía arder Troya.

Pero sin desviarme del tema, los juguetes son algo que me recuerdan esa infancia tan feliz que tuve (gracias, Netflix, por The Toys That Made Us) y a la que regreso en recuerdos cada vez que adquiero algo nuevo, aunque tengo que batallar con Tanyluz y su frase lapidaria: “¿Eso es algo que quieres o que necesitas?” Pues es algo que quiero… Y QUE NECESITO también.

Quiero que Matteo tenga eso que yo tuve, no solo una infancia feliz y plena, sino un buen recurso de juguetes a los cuales echar mano. Quiero compartir con él el armar un lego, el jugar un videojuego (tiene que aprender primero con los retros como Mario Bros 3), el luchar los buenos contra los malos, el transformar un robot en un camión o un avión y sobre todo, tiene que cuidarlos (esa fue la parte que yo aprendí de viejo). Tiene que cuidarlos porque los juguetes son valiosos (En Amazon he visto  los que yo tenía hasta en mil dólares, aquí me dan ganas de llorar). Y debe compartirlos, no ser egoísta.

Con respecto a la pregunta que le da el título a este texto: Los juguetes ¿con qué cara le digo a mi hijo que no le presto los míos?, pues con esta misma que tengo, porque los juguetes de papá no son juguetes, sino figuras de colección y tienen que verse con las manos y tocarse con los ojos.

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Yo: Oyeme bien nenito, esto se mira pero no se toca. El: Si, eso crees tu.
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Author: Andrés Schmucke

Creador de Contenido, Conferencista, TEDx Speaker, Blogger, Podcaster y lo más importante de todo, Papá.

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